El SEO se cobra de tres maneras: proyecto cerrado para lo que tiene principio y final, cuota mensual para el trabajo continuo, y por horas solo si tienes dentro a quien lo dirija. Lo que decide el precio no es la agencia: es cuántas páginas hay que tocar, cuánto contenido hay que producir y cómo esté el punto de partida.
Los tres modelos, y para qué sirve cada uno
| Modelo | Encaja en | El riesgo |
|---|---|---|
| Proyecto cerrado | Auditoría, migración, arreglo puntual | Que el diagnóstico llegue y nadie lo implemente |
| Cuota mensual | Contenidos y mejora continua | Pagar meses sin que nadie mire qué se entregó |
| Por horas | Equipos con dirección propia | Horas sin criterio sobre en qué se gastan |
El error más caro es elegir el modelo por el precio y no por la forma del trabajo. Una auditoría contratada como cuota mensual se convierte en un goteo de recomendaciones que nadie cierra; un trabajo de contenidos contratado como proyecto se queda a medias en el mes cuatro, que es justo cuando empezaba a moverse.
Qué mueve el precio de verdad
Cuatro variables, y ninguna es el tamaño de quien lo hace.
Cuántas plantillas hay que tocar. No cuántas páginas: cuántas plantillas. Una tienda con cuatro mil productos y tres plantillas es menos trabajo técnico que un sitio de cien páginas donde cada una está hecha a mano.
Cuánto contenido hay que producir. Es la partida que más escala y la que separa un presupuesto de mil euros de uno de cuatro mil. Escribir bien una página que responde una intención entera son horas, y no se abaratan.
Cómo esté el punto de partida. Una web con diez años de parches, migraciones a medias y URLs duplicadas se arregla antes de construir encima, y ese trabajo no se ve en el resultado del primer mes. Es la variable que más sorpresas da en una propuesta y la que más conviene mirar antes de firmar.
Y si hay que pelear un término disputado o basta con ocupar cola larga. No es lo mismo competir por «agencia de marketing digital» que por doscientas consultas específicas que nadie está trabajando.
Lo que suele quedar fuera y nadie pregunta
Cuatro cosas que aparecen después de firmar si no estaban escritas antes.
La implementación. Hay agencias que auditan y entregan la lista, y otras que además tocan el código. Son dos precios distintos con el mismo nombre, y la diferencia se nota el día que tu desarrollador tiene tres meses de cola.
Los textos. «Optimización de contenidos» puede significar reescribirlos o puede significar decirte qué reescribir. Pregúntalo con esas palabras.
Las imágenes y los datos estructurados, que suelen ir aparte.
Y el seguimiento después del trabajo. Una migración sin vigilancia las semanas siguientes es media migración.
Esto lo hacemos nosotros, todos los días y desde Barcelona.
Ver SEO y GEOCómo se compara un presupuesto con otro
No por el total. Por tres preguntas que se responden en dos minutos.
Qué se entrega cada mes, en unidades contables. Cuántas páginas nuevas, cuántas actualizadas, cuántos arreglos técnicos. Un presupuesto que dice «optimización continua» y no pone números permite entregar cualquier cosa.
Quién hace el trabajo. Si el comercial que te lo vende no es quien lo va a ejecutar, pide hablar con quien sí. Es la pregunta que más incomoda y la que más información da.
Dónde se verifica. Las mejoras técnicas se comprueban en Search Console, que es donde Google cuenta lo que de verdad ve. Un informe que solo enseña la puntuación de una herramienta de laboratorio no demuestra nada, y esa distinción está en la guía sobre cómo leer Search Console.
Por qué desconfiar del precio más bajo, y también del más alto
Del más bajo, por aritmética. Escribir bien una página son horas de alguien que sabe del tema, y por debajo de cierta cifra esas horas no existen: lo que se entrega son textos genéricos que no responden ninguna intención concreta. Se nota a los cuatro meses, cuando hay veinte artículos y ninguna posición.
Del más alto, por otra razón: un presupuesto grande sin una lista de entregables igual de grande está cobrando marca. Puede estar bien, hay marcas que valen su precio, pero conviene saber que eso es lo que se compra.
El punto medio útil no es una cifra: es que el precio y la lista de entregables se puedan poner en la misma página y que la cuenta salga.
El coste que nadie presupuesta: el tuyo
Hay una partida que no aparece en ninguna propuesta y que decide si el trabajo sale adelante: el tiempo de alguien de tu lado.
Un proyecto de SEO necesita que alguien de la empresa responda preguntas sobre el producto, revise textos antes de publicarlos y consiga que los cambios técnicos lleguen a producción. Si esa persona no existe o no tiene horas, el trabajo se atasca en la cola del desarrollador y la agencia acaba entregando recomendaciones que nadie implementa.
Es la causa número uno de proyectos de SEO que «no funcionaron». No falló el diagnóstico: falló que la lista de arreglos llevaba cuatro meses esperando y nadie la había priorizado.
Conviene ponerlo sobre la mesa antes de firmar y estimarlo en horas al mes. Si esas horas no están, la conversación honesta es contratar también la implementación, y eso cambia el presupuesto pero no la factura total del proyecto: solo la mueve de sitio.
Qué se puede prometer y qué no
No se puede prometer una posición. El resultado de una búsqueda lo decide un sistema con cientos de señales que cambian y que además devuelve resultados distintos según quién busque. Quien lo garantice está mintiendo o va a posicionarte por un término que no busca nadie, que es la versión educada de lo mismo.
Sí se puede prometer el método: investigar antes de escribir, una intención por URL, medir en Search Console y verificar cada arreglo contra la fuente. Ese compromiso sí se puede incumplir, y por eso vale algo.
Es lo que vendemos en SEO y GEO, y es la razón de que nuestros presupuestos digan qué se entrega cada mes en lugar de qué posición se alcanza. Si quieres el contexto del gasto total de una agencia, está en el artículo sobre cuánto cuesta una agencia de marketing.
Qué pasa cuando termina el contrato
Es la pregunta que menos se hace y la que más dice sobre qué se está comprando.
El contenido escrito, los arreglos técnicos implementados y las posiciones ganadas son tuyos y se quedan funcionando. Se degradan con el tiempo, porque los competidores siguen trabajando y el contenido envejece, pero no desaparecen el día que dejáis de trabajar juntos.
Si la respuesta que te dan es que el tráfico se cae al mes de parar, lo que estabas comprando no era SEO. Era otra cosa, normalmente enlaces alquilados, y conviene saberlo antes que después.
Lo que sí conviene pactar por escrito es el traspaso: accesos, documentación de qué se tocó y por qué, y el inventario de contenidos con su estado. Sin eso, el siguiente proveedor empieza haciendo de nuevo el diagnóstico que ya pagaste.
Y una pregunta que conviene hacer antes de contratar nada
Cuánto vale para ti una posición que ya tienes.
Suena raro y ordena bastante. Antes de pagar por ganar términos nuevos, mira cuánto tráfico y cuántas conversiones te traen los que ya posicionas, y qué pasaría si los perdieras. En muchos sitios con historia, el trabajo más rentable de los primeros meses no es conquistar nada: es dejar de perder lo que ya funciona, que suele estar erosionándose por páginas que compiten entre sí, contenido que envejeció o cambios técnicos que nadie revisó.
Ese inventario es barato de hacer y decide bastante bien si tu presupuesto tiene que ir a defender o a atacar. Y tiene una ventaja secundaria: es la conversación en la que se ve si quien te está vendiendo ha mirado tu sitio o te está enseñando la misma propuesta que a los otros tres clientes de esta semana.
Y por último, una advertencia sobre las comparaciones. Dos presupuestos de SEO con el mismo precio pueden ser trabajos que se diferencian en un orden de magnitud, y el precio no lo revela. Lo revela la lista de entregables con números al lado, y si una de las dos propuestas no la tiene, la comparación no se puede hacer. Pedirla no es desconfianza: es la única forma de que la decisión se tome con información en lugar de con impresiones.


