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Cuánto cuesta una web corporativa en España

Actualizado el 24 de septiembre de 20267 min de lectura

El precio de una web corporativa no lo fija el número de páginas: lo fijan el diseño (plantilla o a medida), quién escribe los textos, quién produce las fotos y cuántos sistemas hay que conectar. Sin esas cuatro respuestas escritas, dos presupuestos con la misma cifra no son comparables.

Los tres tramos, definidos por lo que hay dentro

Verás rangos publicados por todas partes. El problema de casi todos es que dan una cifra sin decir qué contiene, y eso los vuelve inservibles: el mismo número puede ser caro o barato según quién escriba los textos.

Los tramos que sí significan algo se definen por el trabajo, no por el precio.

TramoQué contienePara quién tiene sentido
Plantilla configuradaDiseño existente adaptado, textos y fotos del clientePresencia mínima y urgente
Diseño a medida sobre gestorDiseño propio, estructura pensada, textos revisadosLa mayoría de las pymes
Desarrollo a medidaSin gestor genérico, integraciones propias, rendimiento controladoCuando la web es parte del producto

La segunda fila es donde cae casi todo el mercado español de pymes, y también donde más varía el precio para el mismo enunciado, porque «diseño a medida» puede significar tres maquetaciones nuevas o veinte pantallas pensadas una a una.

Por qué no publicamos una cifra

Porque una cifra suelta sin las cuatro variables engaña, y preferimos decirlo antes que después.

El precio de una web depende de cuántas plantillas de página distintas hay que diseñar de verdad, de si los textos los escribe el cliente o hay que escribirlos, de si existen fotos utilizables o hay que producirlas, y de cuántos sistemas de terceros hay que conectar. Cambia una de las cuatro y el presupuesto se mueve más que si duplicas el número de páginas.

Lo que sí se puede decir es lo estructural: el alcance escrito partida por partida antes de empezar, sin permanencia, y con el dominio y el alojamiento a nombre del cliente desde el primer día.

Si estás comparando ofertas ahora mismo, lo útil no es pedir un descuento: es pedir a las dos partes el mismo desglose y ver dónde difieren. Casi siempre difieren en textos y en fotos.

Qué mueve el presupuesto de verdad

El número de plantillas distintas, no el de páginas. Cincuenta fichas de servicio que comparten diseño cuestan casi lo mismo que una. Cinco páginas con cinco diseños distintos cuestan cinco veces más. Es la confusión más cara de todas.

Quién escribe. Redactar el contenido de una web es un trabajo con nombre propio y suele ser la partida que más retrasa el proyecto cuando se asume que la escribirá el cliente «cuando tenga un rato».

Qué material visual existe. Una web sin fotos propias es una web con fotos de banco, y eso se nota. Producir sesión de foto o vídeo es una partida aparte, con su día de rodaje.

Cuántas integraciones hay. Un formulario que solo envía un correo es barato. Uno que crea una ficha en tu CRM, dispara un aviso y sincroniza con la facturación no lo es.

Y en qué estado está lo que ya tienes. Migrar contenido de una web vieja, mantener las direcciones antiguas y no perder el posicionamiento acumulado es trabajo real, y se olvida en casi todos los presupuestos.

Esto lo hacemos nosotros, todos los días y desde Barcelona.

Ver Web corporativa

Las partidas que aparecen después de firmar

Estas cuatro son las que generan la conversación incómoda del mes tres, y todas se evitan escribiéndolas antes.

El mantenimiento. Una web no se termina: hay actualizaciones, copias de seguridad, avisos de seguridad y cosas que se rompen solas cuando cambia algo por debajo. Si nadie lo asume, lo asume el cliente sin saberlo.

El alojamiento y el dominio. Son cuotas recurrentes y son del cliente. Que estén a nombre de la agencia es el error más caro de esta lista, porque convierte una relación cancelable en una mudanza.

Los textos y las traducciones. Si la web es multilingüe, cada idioma es contenido nuevo que alguien escribe y alguien revisa. No es un botón.

Y los cambios posteriores. Conviene saber de antemano si retocar un texto o añadir una página lo haces tú desde un panel o lo factura alguien cada vez. Es la diferencia entre una web que crece y una que se congela el día de la entrega.

Cómo se compara una oferta con otra

Poniendo las dos en la misma unidad, que es el alcance y no el precio.

Pide a cada candidato lo mismo por escrito: cuántas plantillas de página diseña, quién redacta, quién produce las imágenes, qué integraciones incluye, qué pasa con el contenido y las direcciones de la web actual, qué mantenimiento entra y qué cuesta después, y a nombre de quién quedan el dominio y el alojamiento.

Con esas siete respuestas delante, las diferencias de precio dejan de ser misteriosas. En la mayoría de los casos, la oferta más barata no está haciendo lo mismo más barato: está haciendo menos cosas, y las que faltan aparecerán igualmente, solo que más tarde y sin presupuesto.

La elección de la tecnología también mueve la cuenta, y no siempre en la dirección que parece. Está desarrollada en la comparativa entre WordPress, Webflow y desarrollo a medida.

Qué distingue una web cara de una web que rinde

No son lo mismo, y confundirlas es lo que produce webs bonitas que no venden nada.

Una web rinde cuando carga rápido en el móvil de alguien con mala cobertura, cuando dice en los primeros segundos qué vendes y a quién, cuando el camino hasta el contacto es corto, y cuando está construida de forma que un buscador y un asistente puedan entender de qué va sin adivinarlo.

Nada de eso se ve en una imagen de presentación, y todo eso cuesta trabajo. Es exactamente la parte que desaparece primero cuando un presupuesto se recorta, porque es la menos visible en la reunión de aprobación.

Lo que se gana y lo que se tarda en notar al rehacer una web está contado en el artículo sobre invertir en una web nueva.

Qué se puede recortar y qué no

Cuando el presupuesto no llega, hay recortes que salen bien y recortes que solo aplazan el gasto.

Se puede recortar el número de páginas del primer lanzamiento. Publicar con las cinco páginas que sostienen la venta y añadir el resto después es una decisión sensata, y además permite ver qué buscan de verdad tus visitantes antes de escribir el resto.

Se puede recortar la producción visual del primer día si tienes material propio decente, aunque sea imperfecto, y programar una sesión de fotos para dos meses después. Una foto real y mediocre funciona mejor que una de banco impecable, y esa comparación no está reñida con el presupuesto.

Lo que no conviene recortar es la velocidad, la estructura y la medición. Son tres cosas que se deciden en la arquitectura y que cuestan poco si se hacen desde el principio y bastante si hay que meterlas después. Una web construida sin pensarlas se rehace entera antes de lo previsto, y entonces el ahorro inicial se paga con intereses.

Tampoco conviene recortar los textos de las páginas que venden. Se puede vivir con una página de «quiénes somos» escrita deprisa; no se puede vivir con una página de servicio que no explica qué haces, a quién y por qué deberían llamarte a ti.

Cuánto tarda y por qué se retrasa siempre

El calendario técnico rara vez es el problema. Lo que retrasa una web es el contenido.

Diseñar y construir tiene una duración estimable. Reunir los textos definitivos, las fotos del equipo, los datos legales, los logotipos en buena resolución y la aprobación de tres personas distintas es lo que se lleva las semanas, y no aparece en ningún diagrama de fases.

Por eso el mejor acelerador no es contratar más rápido: es decidir antes de empezar quién escribe cada página, con qué fecha, y quién es la única persona que aprueba. Un proyecto con dos aprobadores tarda el doble que uno con uno.

Cómo lo planteamos nosotros, con qué fases y con qué entregas está en la página de web corporativa, y si lo que buscas es comparar opciones en la ciudad, la lista está en las mejores agencias de diseño web de Barcelona.

En este artículo

Preguntas

(01)

¿Qué partidas se olvidan casi siempre?

Cuatro. Los textos, que alguien tiene que escribir y rara vez es el estudio. Las fotografías, que si no existen hay que producir. La migración del contenido antiguo y su mapa de redirecciones. Y el mantenimiento después del lanzamiento. Un presupuesto que no las nombra no es más barato: está incompleto.

(02)

¿De quién es el dominio y el hosting?

Tuyos, y hay que comprobarlo antes de firmar. Es un problema clásico y silencioso: el dominio registrado a nombre del estudio o el hosting en su cuenta convierten una separación normal en un secuestro accidental. Se pide por escrito al principio, cuando no cuesta nada pedirlo.

(03)

¿Por qué hay tanta diferencia de precio?

Porque debajo del mismo nombre hay tres trabajos distintos. Una plantilla adaptada, un diseño propio sobre un gestor conocido y un desarrollo a medida no son tres precios del mismo producto: son tres productos. La comparación útil no es el precio, es qué se puede hacer con la web dentro de dos años sin volver a llamar a nadie.

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