Montaje y ritmo
El gancho del arranque, el corte que quita el aire y la duración justa: lo que decide que la pieza se vea entera.
Edición de vídeo para redes sociales: cogemos tu material en bruto —rodado por nosotros o grabado por ti, aunque sea con el móvil— y lo convertimos en piezas listas para publicar: cortadas al ritmo de cada plataforma, subtituladas y con tu marca presente sin taparlo todo.
Hablemos
La edición de vídeo para redes sociales es el montaje que convierte material en bruto en piezas publicables: reels de Instagram, vídeos de TikTok, YouTube Shorts o vídeo nativo de LinkedIn. Se diferencia de la edición tradicional en tres cosas: la pieza se juega en los primeros segundos, casi todo se ve en vertical y sin sonido, y cada plataforma pide su duración y su formato. Editar para redes es, sobre todo, decidir qué se corta.
Nuestro método empieza por el gancho: qué ve y qué lee alguien en el arranque que le haga quedarse, sabiendo que la mayoría decide en ese instante si sigue o pasa. Después, el ritmo: cortar el aire, quitar todo lo que no empuja la historia y dejar la pieza en su duración justa, que casi siempre es más corta de lo que el material sugiere. Los subtítulos no son un accesorio sino parte del montaje, porque una parte enorme del consumo ocurre con el sonido apagado; se diseñan legibles, sincronizados y con tu tipografía.
Encima del corte va la capa de marca: rótulos, grafismo y color coherentes entre piezas, para que un vídeo tuyo se reconozca antes de leer el nombre —sin convertirlo en un anuncio, que es la manera más rápida de que nadie lo vea—. La música se elige con licencia para uso comercial en redes, que es el detalle aburrido que evita disgustos. Y cuando hay volumen, montamos un paquete de plantillas propio: cabeceras, estilos de subtítulo y cierres que dan consistencia y abaratan cada pieza siguiente.
El flujo de trabajo es simple: recibes un primer corte, lo comentas y los cambios se hacen sobre esa base; el alcance de las revisiones se pacta al cerrar el encargo, no a mitad. Cada pieza se entrega en las versiones que pida tu calendario —vertical para reels y TikTok, cuadrada u horizontal donde toque, cada una con su duración—. Y cuando las piezas salen, miramos las señales que cuentan la verdad del corte: la retención y la duración media de visualización dicen más que ningún gusto personal, el nuestro incluido.
Productora y agencia en Barcelona
El gancho del arranque, el corte que quita el aire y la duración justa: lo que decide que la pieza se vea entera.
Legibles, sincronizados y con tu tipografía. Gran parte del consumo es sin sonido y la pieza tiene que funcionar muda.
Niveles, limpieza de audio y un color coherente, también cuando el bruto viene de un móvil.
Rótulos, cabeceras y cierres con tu identidad, presentes sin convertir la pieza en un anuncio.
Pistas con derechos para uso comercial en redes, elegidas para acompañar el ritmo del corte, no para taparlo.
Si el bruto viene sin nada dicho, escribimos antes de montar: gancho, texto en pantalla y pie, pensados ya para el corte.
La misma pieza en vertical, cuadrado u horizontal, cada una con su duración y su encuadre, según pida tu calendario.
Cabeceras, estilos de subtítulo y cierres reutilizables que dan consistencia cuando el volumen de piezas crece.
La herramienta cambia según la pieza; el criterio de corte, no.
En cualquier encargo: el montaje con su gancho y su ritmo, subtítulos sincronizados, ajuste de color y sonido, grafismo con tu marca y música con licencia para uso comercial. Según el proyecto se añaden las versiones por plataforma y un paquete de plantillas propio. La pieza se entrega lista para publicar, no a medio vestir.
Sí, y es más habitual de lo que parece: un móvil actual graba de sobra para redes si hay luz y el audio es decente. En el montaje ajustamos color y sonido para que la pieza aguante el nivel. Lo que no puede arreglar la edición es un audio roto o un plano que no existe: si detectamos eso, te lo decimos antes de empezar, no después.
En los que pida tu calendario: vertical para reels, TikTok y Shorts, cuadrado u horizontal para los feeds y plataformas que lo usan, cada versión con su duración y su encuadre revisado —reencuadrar no es recortar sin mirar—. Los entregables exactos se fijan al cerrar el encargo, para que nada se publique en un formato que la plataforma castiga.
Recibes un primer corte y los comentarios se hacen sobre él, con tiempos marcados: «en el segundo doce, corta antes». El alcance de las revisiones se pacta al cerrar el encargo, y esa claridad protege a las dos partes: tú sabes qué está incluido y nosotros no estiramos un montaje durante semanas. Los cambios de guion a mitad, mejor hablarlos que sufrirlos.
Depende de lo que llegue. Si el material ya trae algo dicho, editamos sobre eso. Si el hueco es previo —qué se dice y en qué orden—, lo escribimos dentro del mismo encargo: el gancho, el texto en pantalla y el pie salen ya pensados para el corte, y eso ahorra una ronda de revisión entera. El guion se lee en alto antes de rodar: lo que no dirías nunca se cambia sobre el papel, que es donde sale gratis.
Porque una parte enorme del vídeo en redes se consume con el sonido apagado —en el transporte, en la cama, en el trabajo— y una pieza sin subtítulos simplemente se pasa de largo. Además ayudan a la accesibilidad y a la comprensión aunque el sonido esté activo. Por eso van en todos los encargos: no son un extra, son parte del montaje.
O si lo prefieres, escríbenos a hola@publiqo.es
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